Un 14 de febrero por la noche, en un café solitario por las calles de la ciudad, se encontraban una madre y sus dos hijas...Una triste guitarra sonaba en el lugar con la canción del gato triste y azul.
La conversación vagaba, hasta que una de las hijas le pregunto a su madre con tristeza en los ojos -Madre, ¿porque yo no soy como esas chicas a las que les regalan cosas?- su madre lo pensó por unos segundos y, finalmente, respondió -La verdad yo nunca fui así, a veces cuentan otras cosas, como las actitudes, los pequeños detalles...una mirada, un abrazo o una sonrisa. También hay personas que no tienen la posibilidad, cuando yo iba en la universidad no me alcanzaba para nada más que la escuela.-
La hija replico-¿Qué pasa si aunque yo no tenga dinero buscó la manera de encontrarlo para poder comprar algo lindo?-
-Hija, esta bien que tú seas así, es una costumbre bella, que no todas las personas tienen y por eso eres especial, debes creerlo-
La hija no muy satisfecha con la respuesta se dispuso a tomar el frappé que había pedido. Su hermana al verla le pidió un poco. Ella le extendió la bebida y le dijo -Pero sólo un tragó-.
La madre, al ver esto, rompió en risas y comento -¿Cómo quieres que te regalen cosas si no eres compartida?-
La hija comenzó a reírse y se hizo la ofendida diciendo -Claro que sí lo soy pero ella nunca me da de su comida cuando le pido- su hermana al oírla rió con ellas.
Así un frappé le hizo notar a aquella joven, como los pequeños detalles, las risas espontaneas, las canciones de guitarra, son las cosas que verdaderamente valen la pena; algunas cosas diminutas que causan emociones gigantescas.
-Me han hecho reír sin ganas, las amo hijas, ustedes son mi 14 de febrero- concluyó la madre hacia sus dos hijas.
...Y, sin más, siguieron conversando y riendo aquella dulce noche de febrero.
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